mar. Jun 18th, 2019

Bases blancas: una amenaza inusual y extra-ordinaria

Algo crece entre nosotr*s y no lo hemos podido detener: el odio. Esa oscuridad que contiene fuerzas profundas, innombrables y destructivas. El odio lo mueve la ignorancia y el miedo a lo nuevo, a lo diverso, a lo que falta por incluir a lo conocido. Esta anomalía crece entre nosotr*s, visita nuestras puertas, llega a nuestras universidades, se instala en los hogares, en partidos, se propaga como el mal.

Solo ellos existen, no hay otras formas de vivir, ser y existir para ellos. Sí, ellos en sustantivo nominal masculino, patriarcalizado, misógino, sexista, homófobo, lesbófobo –ni hablar de tránsfobo–, y en los casos más radicales, misántropo. El don de la vida es dejar vivir, dejar al Otro/Otra en su plenitud, reconocerle y extenderle la mano solidaria; esto no aplica para ellos.

Fundamentalismo es una palabra polémica en los tiempos desorientados de hoy, que a saber significa sometimiento, intransigencia y apego irrestricto a la interpretación literal de las llamadas sagradas escrituras; Biblia y Corán. Cada poesía contenida en las enseñanzas espirituales de estos textos antiquísimos y escritos por hombres de jerarquías, tienen la posibilidad de trans-formar a la persona en un ser “místico, bondadoso y abierto”, o simplemente en un monstruo social exterminador de lo diverso y convocante a la discriminación e incitación al odio.

Cada día nuestras calles se inundan de odio y ellos no hacen nada por esto, sino solo “radicalizar su fe” en que “esto se va acabar”: se van a acabar las personas diversas, las mujeres autónomas, la libertad de culto y religiones, la afrocultura, en fin, el mundo conquistado hoy por la dignidad y el libre desenvolvimiento de cada persona. Ha sido una conquista sudada que pretende ser arrebatada por las autonombradas –por ellos– “células de la fe”.

Hay dos objetivos políticos en movimiento: (1) Anular la dignidad de toda persona que atente contra lo vivido en los 39 libros antiguos de 900 años antes de “Occidente”, e (2) Implosionar el sistema de emancipación y autonomía de las subjetividades diversas conquistadas en el periodo de la Revolución a través de “las células”, en pocas palabras, las bases blancas cristianas del Norte nos invaden.

Caracas /Dto Capital

 

Por Luis Mancera

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