mié. Dic 12th, 2018

¿CASARSE O NO CASARSE?: INCERTIDUMBRES Y DERECHOS (Y III)

Se nos cuenta que en el principio de las sociedades humanas las leyes surgen como fijación de costumbres y tradiciones, necesarias para la supervivencia. Por lo cual, éstas se transforman en la medida en que lo hacen los sistemas sociales en los cuales se realizan. Así, pasan de fijar modos de vida a determinarlos, respondiendo no sólo a razones de supervivencia, sino también a intereses políticos y económicos; de tal manera que las leyes son límites de comportamiento y actuación, que generan convivencia, además de beneficios.

Es a través de las leyes como, a lo largo de la historia, han sido controladas y apropiadas las mujeres, y criminalizada la disidencia sexual. Sin ir muy lejos, aún hoy se dan prácticas de “violación correctiva” contra las lesbianas, y se las encierra en manicomios con la connivencia de los Estados. Tal como señala Yuderkys Espinosa, con respecto a la célebre afirmación de Wittiq (“las lesbianas no somos mujeres, somos fugitivas del patriarcado”), ésta parece proponer un programa político radical de liberación humana, aunque en lo material se halle lejos de realizarse; pues la lesbiana al no ser mujer, rompe el paradigma del género y obliga a su desaparición, que es también la de los “hombres” como categoría. La sociedad sin género pero con sexo de Rubin.

¿Pueden las leyes ayudarlas? El derecho humano consensuado tácitamente por la mayoría de sociedades, es el derecho a la vida. La ley del matrimonio igualitario lleva en su seno ese derecho básico y fundamental: el de vivir. Si las leyes determinan también las costumbres, entonces la disidencia sexual, a través de su inclusión legal en los órdenes “tradicionales y naturalistas” de la familia, quizá acceda a su derecho a estar viva; es decir, su derecho a no ser violadas, encerradas, patologizadas, criminalizadas, asesinadas, pues el régimen jurídico que regula la convivencia social ejercería su poder punitivo sobre éstos actos.

Si las leyes determinan las costumbres, en teoría, la ley del matrimonio igualitario habría de proteger la disidencia sexual, al tiempo que permea en la cultura y la transforma: las nuevas generaciones, por costumbre y tradición, no verían en ella un crimen, una enfermedad, algo que odiar y aniquilar. Y vivirían.

Camino por las calles de Madrid tomada de la mano de mi novia, sabiéndome fugitiva de mi clase, y sin dejar de tener presente nuestro programa político, pero con menos miedo de ser eso que fractura el régimen; miedo a su vez desplazado hacia la racialización que sobre mi cuerpo ejecuta el estado europeo.

Mucho se ha tardado el gobierno venezolano en legitimar el derecho humano a la vida de la disidencia sexual. Los crímenes de odio en Venezuela no son pocos, el ostracismo y la estigmatización de la comunidad disidente, asfixia. El asesinato de mujeres sólo por serlo, es una herida colonial, en la que género, clase, raza y sexo, son indisociables.

 España

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