jue. Ene 24th, 2019

CATALUÑA ME LA SUDA

Es domingo, y hago turno partido en el bar. A la medianoche ya estoy fuera, pero me demoro: un amigo venezolano ha pasado a saludar, y pues nada, me he emocionado y en su compañía me tomé dos IPA de centeno, con ese toque ácido que tanto me gusta.

Estoy alegre. Pero lo dejo allí y me voy. En casa ella aguarda mi regreso; al día siguiente tiene que levantarse temprano para trabajar, pero quiere verme, hablar conmigo, contarme; y yo quiero verla, escucharla, que me cuente. En la plaza los negros, los pakis vendiendo latas de cerveza, los pacos revoloteando, el supermercado abierto, los guiris. Veo el reloj y son las 12.15 de la madrugada. Apuro el paso. Además de verla, escucharla y que me cuente, tengo la necesidad acuciante de darle unos besos.

Casi llego, aún no veo el portal, pero lo presiento, cuando alguien me nombra y me toma del brazo. “!Tía, vas corriendo! ¡Qué gusto verte! Ni me escuchaste. ¿A dónde vais? ¡Qué sorpresa!”, y se ríe, se ríe siempre, amable, emocionado, como siempre. “Estoy preocupado”, me dice. Le cuento sobre la presteza de llegar a mi destino. Ríe. Me invita a hablar con él un rato, le preocupa la situación en Cataluña, y quiere saber qué pensamos nosotras, qué pienso yo. La vaina me da mucha risa. Quiero, anhelo llegar, pero también me gustaría conversar con él, aunque tal vez no tenga mucho que decirle. Se lo advierto: “Cataluña me la suda”, le digo. Él ríe. “Pero puedo elaborarlo”, acoto.

Entro al bar con él y pido una cerveza. Envío un mensaje: “Me agarró el brujo llegando a casa”. Partimos del principio común de que ambos detestamos todas las formas de nacionalismos. Me cuenta historias: la unión del reino de Aragón y el de Castilla; las prerrogativas de autonomía que tenía bajo los reyes católicos, la crisis política del siglo diecisiete cuando la casa real francesa pasa a detentar el poder en España. Yo le cuento mis experiencias racistas en Barcelona, le recuerdo que los colonizadores de América también eran catalanes, que las leyes del Govern son tan racistas y xenófobas como las de Madrid.

Hablamos de Venezuela. Se ríe. Dice que históricamente, el pueblo español (catalanes incluidos) es muy sádico en su odio de unos contra otros, que hay en España una cultura de la muerte muy fuerte. Recuerda el franquismo, la guerra civil. Yo recuerdo imágenes y versos de Lorca. Le digo que sí, que yo sé, que sabemos, que en América sabemos de primera mano los abismos de violencia y destrucción de España. Pero me tengo que ir. Hay cosas más importantes en la vida que las pugnas supremacistas de un pueblo prepotente y acomplejado. Ella me espera. Y yo tengo unos besos que darle.

anonimatoliterario@gmail.com

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