mié. Dic 12th, 2018

Diversidad Sexual Anticapitalista: La Tormenta ya está aquí

¿Dónde y cuándo empieza la violencia?
Veamos.
Frente a un espejo, en cualquier calendario y en cualquier geografía…
Imagine que usted es diferente al común de la gente.
Imagine que usted es algo muy otro.
Imagine que usted tiene determinado color de piel o de cabello.
Imagine que lo desprecian y lo humillan, que lo persiguen, que lo encarcelan, que lo
matan por eso, por ser diferente.
Imagine que desde que nace, todo el sistema le dice y le repite que es usted algo raro,
anormal, enfermo, que debe arrepentirse de lo que es y que, después de achacarlo a la
mala suerte y/o a la justicia divina, debe hacer todo cuanto le sea posible por modificar
ese “defecto de fabricación”…

Sup Marcos, enero de 2013

Entonces, ¿Dónde y cuándo empieza la violencia?

Entre 1991 y 1994, alrededor de 20 personas fueron asesinadas en la capital de Chiapas, en circunstancias similares. Eran trabajadoras sexuales que provenían en su mayoría de comunidades indígenas del estado. Buscaban oportunidades en una ciudad, Tuxtla, que terminó por darles rechazo y muerte.

Ni siquiera conocemos el número exacto de asesinatos cometidos, de los que oficialmente sólo se reconocieron 13. Los pocos casos cubiertos por la prensa reafirmaron el poder normalizador de la violencia patriarcal: sus historias, sus experiencias e identidades fueron reducidos a la nota amarillista: “cuerpo de hombre vestido de mujer”. Aunque diferentes testigos revelaron la participación de agentes de la policía en los asesinatos, la justicia sólo brindó la tortura y el encarcelamiento para un par de inocentes.

Estos crímenes no se han esclarecido. Las víctimas lo fueron no sólo de la impunidad, sino de un sistema que las desechó por ser indígenas, por ser pobres, por ser, además, trabajadoras sexuales: gays, vestidas, homosexuales. Cuerpos desechables para el capitalismo, para el patriarcado y para el estado.

El 12 de marzo de 2012, Ágnes Torres Hernández fue encontrada asesinada en la carretera Atlixco-Puebla. Ágnes era psicóloga, investigadora y activista transgénero. Aunque se le encontraron huellas de tortura, el primer móvil con el que la policía trabajó fue el robo del auto que su mamá le acababa de regalar. Ágnes fue la primera víctima reconocida de un crimen por odio en Puebla, estado que el año pasado contabilizó más de 100 feminicidios.

Hace mucho que lo habíamos advertido, hace mucho que lo sentimos. La tormenta ya está aquí. El asesinato de Ágnes se enmarco dentro de la “Guerra contra las Drogas”, que ahora lleva más de diez años, más de doscientos mil muertos, más de sesenta mil personas desaparecidas.

Sabemos que la guerra no es contra las drogas. Es una guerra contra la humanidad que se libra en todo el mundo, y que busca eliminar todo lo que no se ajuste a la maquinaria de muerte del capitalismo. Es una guerra contra todo lo diferente, contra las de abajo, todas, todos, todoas aquelloas que luchamos y resistimos.

El 16 de octubre de 2017, el filántropo Marco Ferrara Villarreal, primer precandidato gay e independiente a la presidencia de México, declaró lo siguiente: “México está preparado para un presidente gay. No somos un país homofóbico. Al igual que el resto del mundo, estamos mejorando en apertura”.

Sabemos que ninguna opinión es inocente, y que la de Marco Ferrara es la misma que cualquier hombre blanco heterosexual podría tener: “No estamos en guerra, no existe violencia, no pasa nada”. Una opinión encerrada en las comodidades del privilegio empresarial.

Mientras escribimos esto, en la Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal, una reunión a puerta cerrada y excluyente entre diferentes líderes de la comunidad LGBTTTI+ se efectúa para formar una agenda nacional de cara a las elecciones. No nos interesa formar parte de agendas arropadas y construidas bajo la mirada vigilante de la autoridad; para complacer a las instituciones; originadas por la coyuntura electoral. Nosotras y nosotros vamos más allá de esa coyuntura. Nuestra esperanza está en la gente que conforma nuestras diversas poblaciones, desde abajo y con apertura. No está nuestra esperanza en los partidos políticos y en las elecciones para que continúe el mismo régimen y el mismo sistema de explotación, abusos omisiones y desprecios a quienes diferentes somos.

Nosotras, por nuestra parte, nos reunimos hace algunas lunas, en algún rincón de la mixteca poblana, cobijadas por el Caracol que Canta al Universo, para encontrarnos, conocernos y discutir sobre nuestras afectividades, nuestros sentires e identidades que, por ser muy otroas, nos tocó aprender desde la violencia de arriba. Conocimos y escuchamos los dolores comunes, la rabia y la memoria que nos convoca a organizarnos en la lucha contra el capitalismo, y recordamos que en este largo caminar disidente nos encontramos con barreras, con aprendizajes que nos exigen seguir caminando hacia ese horizonte marcado por las compañeras de otros tiempos. Y nos sentimos obligadas a seguir en este camino, a llamarnos y abrazar a las luchas que también nos acompañen en la guerra contra el capital.

Por eso nosotras putas, lenchas, bisexuales, mujeres, maricas, sujetas no binarias, hombres y mujeres trans; nosotras, experiencias y cuerpos rebeldes que no podemos dejar de escapar a tantas categorías analíticas que los estudiosos nos han querido imponer, reconocemos que toda lucha que desde la “diversidad sexual” se haga para volver más soportable este sistema, sólo es una táctica más de la dominación para legitimarse y reproducirse, una estrategia de los dominadores para hacernos creer que el progreso existe para todas, que el matrimonio y los bares gays son nuestro horizonte político, que a los poderosos les importamos solo como sujetos de consumo.

No queremos caer más en ese juego.

Desde la diversidad sexual anticapitalista, llamamos a la disidencia sexual antiautoritaria. A las compañeras nguiu y las muxes, las mujeres, las feministas, a las comunidades indígenas, a las trabajadoras sexuales combativas, los putos y maricones atrapados en las ciudades, las lenchas y migrantes antipatriarcales, las asexualidades e intersexualidades, las cuerpas enfermas e infecciosas, las gordas y machorras, las personas con discapacidad que se resisten al olvido por el sistema. Llamamos a todas aquellas subjetividades con la certeza de que ni lo “LGBTTTIQ”, ni todo el abecedario, se ajustará nunca a nuestros placeres y sentimientos. Llamamos a todas las cuerpas disidentes de este sistema político heterosexual, que tanta sangre nos ha costado.

Llamamos a organizarnos juntas contra los monstruos del capitalismo y el patriarcado, que se han organizado por su cuenta y que cada vez golpearán más duro, en el Frente Nacional por la Familia o en cualquier partido político. Llamamos a encontrarnos, escucharnos, mirarnos y discutir.

Reconocemos que sólo juntas podremos salir de la tormenta.

Llamamos también, y sobre todo, a organizarnos contra los monstruos de la derecha que están dentro de nosotras: a destruir los fantasmas de los privilegios masculinos, blancos, heterosexuales. A hacerle frente al machismo, racismo, clasismo y a las violencias lesbo/trans/marika/bi/asex-fóbicas en nuestros espacios, por más  “libertarios y rebeldes” que se asuman. Llamamos a organizarnos no solo por nuestras diferencias sino desde nuestra diferencia para así, construir un mundo en donde auténticamente quepan muchos
mundos, sin necesidad de pedirle permiso a nadie.

Les invitamos al 3er Encuentro de Diversidad Sexual Anticapitalista el 16 y 17 de junio del 2018 en el Caracol que Canta al Universo, en Huitziltepec, Mixteca Poblana.

No se les olvide llevar pulque, ropa con qué abrigarse y cubrirse de la lluvia.

 Diversidad Sexual Anticapitalista

 

 

 

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