mar. Dic 18th, 2018

El próximo reto del colectivo LGTBI

La prohibición de salir de casa, el registro del móvil, la amenaza de llamar a tu empresa y contar quién eres realmente… Es el miedo con el que viven las personas que sufren malos tratos por parte de su pareja. Pero el binomio es diferente al que vemos normalmente en las campañas institucionales. En este caso, se trata de parejas homosexuales. A los mecanismos de dominación que operan en este tipo de violencia se le une, además, la homofobia y el silencio social. La Ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales que ha aprobado este martes el Congreso de los Diputados, a propuesta de Unidos Podemos, es un primer paso.

En el documento debatido en la cámara se da una definición específica. Al menos, se le pone nombre y recursos: “Se considerará violencia intragénero a los actos de violencia que, como manifestación de la situación de desigualdad y las relaciones de poder entre los miembros de una pareja sentimental del mismo sexo, se ejerce sobre quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellos por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”. En el capítulo cinco del articulado, se ordena que  las víctimas puedan “acceder a los mismos derechos previstos para las mujeres víctimas de violencia de género” y además se garantiza la asistencia social también para “los menores y/u otras personas dependientes” de la víctima.

Los expertos y algunas asociaciones llevan meses trabajando en estudiar y atajar esta realidad enterrada. “Este tipo de violencia existe, pero hay una ocultación. Se calcula que hay entre un 22 y un 30% de personas homosexuales que han sufrido malos tratos”, explica  Isabel González, psicóloga de la asesoría de violencia en parejas de COGAM. Ella es responsable de unos de los pocos informes que existen en la actualidad sobre esta problemática y cuyas primeras cifras se hicieron públicas hace unos meses. En este informe se afirma que el 60% de las personas encuestadas conoce a alguien que ha sufrido violencia intragénero (en su mayoría violencia psicológica) y un 30% “reconoce incluso haberla ejercido”. Sin embargo, los expertos consultados coinciden en que las cifras aún son escasas y que hay que seguir invirtiendo en investigación. Estos malos tratos se engloban (también penalmente) en el apartado de violencia doméstica.

Las personas que trabajan sobre el terreno sí conocen bien estas situaciones, en las que una mujer maltrata a su novia o un hombre insulta, veja o incluso pega a su marido. A la consulta de González llegan los casos desde el teléfono de COGAM: “Nos comentan lo que les está pasando y los problemas que tienen con sus parejas. Nos hablan de que tienen un conflicto, pero les cuesta reconocer que es violencia”, explica la psicóloga, que según la gravedad de los casos los deriva a uno u otro especialista.  El silencio que ha habido entorno a esta cuestión ha hecho que algunas víctimas no se reconozcan como tal.

De vez en cuando, los sucesos más graves saltan a la prensa, pero de forma aislada y sin profundizar en la estructura de este tipo de violencia. Un mediático ejemplo fue el asesinato del actor Koldo Losada, que apareció asesinado en su domicilio, y por cuyo crimen  su marido fue condenado 19 años. Pero estos sucesos son solo la punta del iceberg de una realidad más frecuente y compleja de lo que se visibiliza en los telediarios o los medios de comunicación.

La violencia psicológico y la homofobia interiorizada

González recuerda que, hasta llegar a la primera bofetada, el camino es largo y está lleno de vejaciones. “A la consulta llega de todo, desde violencia física a la violencia sexual. La psicológica es la más numerosa. Suelen hablarnos de amenazas, insultos y faltas de respeto. En menos medida llegan tortas, tirones de pelo o roturas de brazo”, argumenta.

La educadora social Lourdes Bravo también cree que a la víctima de violencia intragénero le cuesta reconocerse como tal. “Hay una representación equivocada de los malos tratos. El maltratador no te pide explícitamente que no salgas con tus amigos, sino que tú empiezas a no salir de casa por miedo a que se enfade. En situaciones de acoso, te lo empiezas a encontrar por la calle. La gente te dice que es casualidad, pero tú sabes que no. Quiere hacerse notar”, explica la especialista sobre cómo es la vida cotidiana de las víctimas.

La invisibilidad sobre estos casos encuentran su mayor aliado en los mitos que rodean a la violencia intragénero, como, por ejemplo, la creencia de que no puede haber violencia sexual entre mujeres: “Se cree que violar es solo penetrar y que solo se puede penetrar con un pene, pero lo cierto es que la violencia sexual es todo aquel contacto sexual no deseado”, explica Bravo sobre las tácticas de coacción para tener relaciones en algunas parejas. Para obligar a alguien a tener sexo no siempre hace falta aplicar la violencia física. A veces, se consigue mediante el chantaje, las amenazas o haciendo sentir culpable o avergonzado al otro.

Además de la dominación, en las parejas homosexuales también entra en juego la homofobia interiorizada. A veces, si la víctima decide romper la relación, el agresor le amenaza con llamar a su trabajo para hablar de su orientación sexual o utilizar algunos estereotipos asociados al colectivo como tener VIH. “Tienes miedo que te monte un pollo delante de un vecino, de que no te alquilen una casa si se enteran de que eres gay o de que tengas un problema en el trabajo”, explica Bravo.

La eterna comparación con la violencia de género y la necesidad de una ley específica

Algunas voces feministas temen que el neomachismo puede utilizar la violencia entre parejas homosexuales para intentar desacreditar la Ley de violencia de género, al argumentar que los malos tratos no son específicos de un sexo a otro sino que suceden en todas las parejas de manera indistinta. “No hay que desprestigiar la ley de violencia contra las mujeres porque habla de una violencia específica: la que ejercen los hombres contra las mujeres. En todo caso, habrá que preguntarse si hace falta una ley específica de violencia intragénero. Hay muchas leyes y pueden convivir. No hace falta quitar una para poner otra”, defiende Bravo.

Las expertas alertan de algunas consecuencias nocivas de la comparación entre estos dos tipos de violencias. Sobre todo, cuando se alega que las víctimas homosexuales están más desprotegidas que las heterosexuales: “Hay que decirles a estas personas que sí tienen recursos, aunque sean mejorables. Tienen que saber que si denuncian sí hay mecanismos para protegerlos y que, por ejemplo, tienen derecho a asistencia psicológica”, desgrana González tras argumentar que algunas personas creen que la ley no les protegerá si sufren malos tratos por parte de su marido o esposa. Eso no significa que las organizaciones crean que los recursos son suficientes pero sí existen, aunque exigen más tanto en materia de campañas y prevención como para proteger a las víctimas.

El resultado de esta espiral de silencio es doloroso: “A veces la persona que los sufre prefiere no contárselo a nadie, por eso el apoyo social es clave”, argumenta la psicóloga. González apunta a que la administración ya está marcha. COGAM, por ejemplo, participa en una mesa técnica junto al Programa LGTBI de la Comunidad de Madrid para visibilizar este problema. Es importante que los ciudadanos sepan dónde acudir si se encuentran en esta situación.

Bravo es muy crítica y cree que ese silencio también ha reinado dentro del colectivo: “Vete a las grandes organizaciones LGTBI y busca la pestaña de violencia intragénero en sus webs. Te va a costar encontrarla”, ironiza sobre la poca atención que se le ha prestado hasta ahora a este problema. González, sin embargo, se muestra muy esperanzada con los últimos avances: “Cuando creamos la asesoría en 2014 no nos llegaban tantos casos como ahora”, recuerda resaltando que, poco a poco, hay una mayor concienciación. Aunque todavía no es suficiente.

F/CuartoPoder

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