lun. Mar 25th, 2019

IGLESIAS, SEXODIVERSIDAD Y DERECHOS HUMANOS (I)

Hace pocos días, mientras me trasladaba en un autobús que cubre la ruta El Junquito-Catia, subió un caballero que se identificó como cristiano evangélico. Elevó una oración pidiendo a Dios que las palabras que iba a pronunciar fuera palabra de Dios y no de hombre, acto seguido espetó toda clase de juicios, descalificaciones y condenas contra lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales. Antes de bajar se identificó como miembro de una de las iglesias evangélicas de Catia.

La campaña, alentada a veces por los propios pastores, contra quienes tienen una orientación sexual distinta a la aceptada por los patrones sociales machistas y patriarcales, nada tiene de bíblico ni de cristiano; por lo contrario, contradicen el mensaje de amor, inclusión, reconciliación y perdón que predicó el carpintero de Nazaret.

En el pasado, la comunidad evangélica sufrió discriminación y exclusión a causa de sus ideas religiosas, distintas a las tradicionales. Esta situación ha cambiado, ese sector social ha madurado y sus organizaciones gozan del respeto de la comunidad y de las instituciones del Estado. Pero, frente al delicado problema de las opciones sexuales atípicas, sorprende ver resurgir tanto oscurantismo. Quizás es hora de que esa dirigencia religiosa se plantee con honestidad algunas interesantes preguntas: ¿Estamos orientando correctamente a nuestras comunidades para abordar con una actitud madura el tema de las orientaciones sexuales no tradicionales? ¿Corremos el peligro, en nombre de la fe, de estar atizando la campaña de odio, discriminación y homofobia que por años ha sufrido la comunidad sexodiversa?

No es suficiente con hacer arrogantes llamados al arrepentimiento a los miembros de la comunidad lgbti, como quien se cree con el derecho a lanzar la primera piedra. No es suficiente con declarar que no se es homofóbico, hay que probarlo.

ramoncas3@gmail.com

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