mié. Dic 12th, 2018

Juventud, Divino Tesoro…

En nuestra sociedad es común hallar abismos generacionales. No es raro, entonces, que la diversidad sexual tenga el suyo. Hablamos de una separación inmensa entre generaciones que amenaza con volver extraños a ambos polos.

Hace unos días revisaba un artículo enviado por un joven colaborador. El tono general era de un gran entusiasmo por pertenecer, simplemente, a una generación más joven, a la que él percibía como capaz de cambiar el rumbo de la sociedad y definir el curso de la historia.

Osadas afirmaciones.

Es cierto que cada 12 de febrero recordamos, con cierto aire novelístico, la Batalla de la Victoria y la decisiva participación de los jóvenes patriotas, muchos de ellos, adolescentes. El Día de la juventud forma parte de nuestra herencia cultural, pero vencer en una batalla es una cosa, producir un cambio histórico es, definitivamente, otra muy distinta.

No es seguro, tampoco, que lo único que necesite una sociedad apelmazada sea la presencia de una generación joven, alzada e irreverente, para que se diluyan todos los prejuicios sobre el sexo y el género.

No obstante, es justo decir que, todo lo dicho hasta aquí, ha sido dicho desde uno de los bordes del abismo. Así que se trata de una opinión, forzosamente, sesgada.

Ni yo, ni muchos de mis coetáneos, tenemos idea de cómo son las dinámicas sociales en los liceos en la actualidad. No sabemos cómo los y las adolescentes asumen su identidad sexual, cómo la negocian con sus compañeros/as heterosexuales. No lo sabemos a causa del abismo. Indudablemente es momento para comenzar a tender puentes.

Por ahora, sigo sin tener fe plena en la juventud como agente de cambio, simplemente porque la “juventud” no es una entidad homogénea. El abismo político en que se encuentra dividida la sociedad venezolana, ha servido para mostrarnos el rostro menos afable de Venezuela, y es un rostro joven. Mucho del odio más virulento mostrado en las redes sociales ha venido de parte de hombres y mujeres muy jóvenes, profundamente clasistas, conservadores/as y de una remilgada moral burguesa.

Confío, eso sí, en una juventud comprometida, armada políticamente. No en los jóvenes per se, sino en los y las jóvenes con conocimiento de causa y conciencia de clase, aquellos que saben y que pueden presionar por un cambio.

Sí, hay que tender puentes. Desechar la altanería con que a veces juzgamos a las personas más jóvenes. Esforzarnos por hallar un lenguaje común. Formar vínculos. Aprender sobre las nuevas generaciones y quizás, si tenemos la humildad suficiente, eso nos sirva para aprender más acerca de nosotros/as mismos/as.

Javier J. Véliz
javierveliz01@gmail.com

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