lun. Mar 25th, 2019

la ilustradora lesbiana que “La Chica Danesa” no mostró

La madrugada del 29 de febrero del 2016, Alicia Vikander logra el premio Óscar a la mejor actriz de reparto por su papel de Gerda Wegener (1885-1940) en la película de Tom Hooper La chica danesa. En ese preciso instante pocos son los que reconocen al personaje histórico encarnado por la actriz. Si, además, en ese instante, alguien pretende investigar sobre la vida de la pintora danesa, poco ha de encontrar, y la información que encuentre se hallará fragmentada por una narración ambivalente que ni de lejos refleja la frágil y entregada esposa que la película de Hooper ha querido revelar.

Gerda Wegener, a pesar de la poca evidencia histórica que puede desprenderse de una biografía algo oscura, que asoma por los huecos de la historia quebrada por el insuficiente rigor de algunas informaciones, no fue ni frágil, ni entregada, ni secundaria, ni heterosexual, referencias que, no se sabe muy bien por qué, el largometraje  ha querido trasmitir como hechos determinantes. El personaje diseñado en la película limita su participación en la historia a ser la esposa abnegada y comprensiva de Einar Wegener, pintor danés que representó el primer caso de intersexualidad pública de la historia de Occidente, y cuya leyenda ha sido recientemente llevada al cine a través de la ya citada cinta, La chica danesa.

No. Rotundamente, no. Gerda Marie Fredrikke Gottlieb fue mucho más de lo que la película deja entrever. Fue una pintora insigne del art decó que triunfó en el París de los años 20 con sus intensas ilustraciones de carácter erótico y su arrebatadora personalidad. Gerda fue una gran artista, una interesante ilustradora, enorme retratista e increíble intelectual que revolucionó el París de entreguerras: su presencia en determinados círculos despertaba gran expectación y su contribución a la historia del arte posee un valor revelador. Nada de esto resulta demasiado elocuente en la película.

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Gerda nació en Dinamarca. Asfixiada por el contexto que la vio nacer pronto abandonó la vida de provincias para abrirse a otras formas de existencia mucho más abiertas y, en 1904, a la edad de 19 años, se mudó a Copenhague. Tras licenciarse en la Academia de Bellas Artes, donde conoció al que sería su marido, Einar Wegener, comenzaría una trayectoria artística caracterizada fundamentalmente por la evolución del retrato femenino. Gerda dedicó prácticamente toda su obra a crear, experimentar y evolucionar alrededor de la imagen y la apariencia femenina, lo que tiene un profundo valor simbólico desde la perspectiva de la historia de la mujer y desde el desarrollo de la teoría feminista. Al parecer, esta inmensa curiosidad por la contemplación y por la plasmación de lo femenino contribuyó a que su marido se viera cada vez más implicado en las obras de su esposa, ya que ésta habitualmente precisaba de modelos femeninas que no siempre podía pagar. De esta forma, el pintor danés se travistió en cuantiosas ocasiones para hacer de modelo. Según otras informaciones, el desarrollo de los acontecimientos sucedió de forma contraria: Einar hacía tiempo que en la intimidad sólo se comportaba como mujer y ese hecho fue muy oportuno para la pintora. La cuestión es que la relación artística que articuló el matrimonio supuso una especie de catarsis para la identidad sexual controvertida de la que Wegener hizo gala a lo largo de su vida. Einar, paulatinamente, era cada vez más Lili, y cada vez menos un hombre.

mirales.esAunque en su país de origen su pintura tardará en ser reconocida, Gerda ya sabe que el París convulso de los locos años 20 suspira por su arte, así que, animados por la promesa del éxito, la artista y su marido deciden instalarse en la capital gala en el año 1922. Sus obras fueron consideradas profundamente embaucadoras y sugerentes, y de ese modo, su pintura pasó con rapidez a formar parte de la gran galería parisina de entreguerras, en la que pronto se hizo un nombre con fuerza y un lugar distinguido entre los artistas del momento. Fue una de las principales ilustradoras de la revista Vogue, y particularmente célebres son las pinturas referidas a este tiempo que el escritor Louis Pearceau le encomendó para ilustrar su libro Douze sonnettes lascifs (1925), que tuvieron como tema fundamental el sexo entre mujeres. Dichas ilustraciones sembraron gran controversia en aquel momento y todavía hoy despiertan una gran admiración.

mirales.esA pesar de que la historiografía oficial no ofrece ningún tipo de evidencia, Gerda era abiertamente lesbiana. Resulta cuando menos llamativo que en la película no haya mención, ni siquiera de forma leve, al tema de la apertura y creatividad sexual de la que, presuntamente, la pareja hizo gala durante todo su matrimonio y también durante toda su vida, tanto en público como en privado. Iban a fiestas vestidas, ambas, de mujer. Mantenían relaciones sexuales fuera del espacio matrimonial y, según algunas fuentes, su relación, cuando Einar pasaba a ser Lili en la intimidad, seguía forjándose sobre la más férrea solidez y la pasión, una cuestión que en la película de Hooper queda injustamente disimulada. Gerda amaba a Einar como hombre y a Lili como mujer pues, al parecer, para ella constituían los dos rostros de una misma persona. Este acto de performatividad se puede observar en la obra de la pintora Una tarde de verano. En ella, Einar aparece como varón, paleta en mano, contemplando y representando pictóricamente la escena en la que también aparece Lili, tumbada en el suelo junto a otras mujeres, entre ellas la propia Gerda. Esta cuestión tan ambigua como trasgresora se presenta en cierto modo silenciada en la cinta La chica danesa. En cambio, la forma en la que Gerda dejó a un lado su carrera para apoyar a su marido en el proceso de trasformación de sexo sí que queda subrayada de forma explícita.

Tras cinco intervenciones, Einar Wegener terminará por consumar su deseo de vivir en un cuerpo de mujer exclusivamente como Lili Elbe. Gerda lo apoyó hasta el final, e incluso después de la consumación de su cambio de sexo continuaron funcionando como matrimonio. En el año 1930, sin embargo, la nulidad de la unión por parte del rey de Dinamarca terminaría con la relación. La unión de dos mujeres, en aquel momento, constituía una ilegalidad.

Lili falleció un año después a consecuencia de las complicaciones derivadas de su última intervención. Gerda lo hizo en 1940, en condiciones precarias y tras asistir al ocaso de su éxito como artista pero pudiendo presumir de haber sido una de las pocas mujeres que ha expuesto varias veces en la galería Ole Haslunds de Copenhague, un verdadero desafío para los pintores de la época. Gerda fue una de las retratistas más importantes de la historia del arte del siglo XX y una importante ilustradora de las revistas de moda de referencia de la época. Aunque en su país de origen le costó un tiempo recibir el reconocimiento que su trabajo parece ocupar en la historia de la pintura contemporánea, el país galo sí que cayó a sus pies. Cayeron después el resto de países occidentales y, todavía hoy, especialmente a raíz del revés que la película ha otorgado a su lugar en la historia, la chica danesa es un referente de máximo valor para la historia del arte, la historia de las mujeres y la historia del lesbianismo.

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F/mirales.es

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