lun. Mar 25th, 2019

La Radical Gai: sobrevivientes que vuelven de la guerra

Por Gustavo Pecoraro

“Alguien tendrá que hacer la prevención”. Con estas seis palabras al pie de página, La Radical Gai firmaba los panfletos con que le plantó cara a la desidia gubernamental tanto del PSOE y del PP en el combate de la pandemia del sida en España.

Eran los duros primeros años de la década del ’90 donde murieron millones de personas y donde se perdió una brillante parte de la vanguardia activista LGBTI mayoritariamente varones homosexuales.

La Radical Gai nace en 1991 en Madrid en el barrio de Lavapiés (a escasas calles de la Puerta del Sol) donde viven los inmigrantes más pobres en casas aún sin rehabilitar en esos años, de calles oscuras, de precariedad y abandono.

El barrio que fue cuna de los movimientos anarquistas, de sectores de la izquierda más radicalizada, de grupos antisistemas, de los colectivos de Okupas, organizaciones LGBTI no oficiales y asociaciones de inmigrantes de todo tipo.

Con gran influencia en las experiencias político-militantes del ACT-UP New York, o ACT-UP París, aparece en forma de cachetazo a la inacción gubernamental, a la de la administración pública, de los partidos políticos o del sector biomédico, pero también (y ante la falta de medidas sanitarias, sociales y políticas en las timoratas mentes del gobierno del PSOE de Felipe González) a la incomprensible tibieza de las organizaciones LGBTI “oficiales” (Javier Sáez, sociólogo y activista gay español que se incorporó a LRG a mediados de los 90, nos relató que “la mayoría de los grupos gays de España no querían hablar de eso en aquel momento porque daba mala imagen”.

sida

Alguien tiene que salir a parar esto

Los 1º de diciembre los activistas de La Radical Gai se plantaban frente al Ministerio de Sanidad en el Día Internacional de la lucha contra el Sida, y lejos de encender velas, tomaron las formas de expresión político-artísticas que también manejaba ACT-UP París y ACT-UP New York.

“El Ministerio de Sanidad tiene las manos manchadas de sangre” denunciando al gobierno socialista que seguía pensando que el sida era sólo una cuestión de “homosexuales”, y cuya primera campaña de prevención la realizó recién a finales de la década del `80. En 1993 España se encontró en una recesión económica que obligó al gobierno de Felipe González a recortar el presupuesto para la salud, la educación y la cultura, lo que de inmediato desató innumerables inconvenientes en la atención sanitaria de miles de personas viviendo con VIH. Mariano Rajoy, más de dos décadas después aplica el mismo recetario, y lo amplía quitándole la sanidad universal a 1.000.000 inmigrantes que trabajan y viven es España en situación “irregular”.

Desprecio, subestimación institucional y genocidio.

Como Reagan, Menem, y tantos otros.

El escritor y crítico de cine Eduardo Nabal, fue otro de los integrantes de la organización y sitúa esos años como “una forma de recuperar el espíritu combativo ante el ya entonces amenazante capitalismo rosa. Fue un momento de mucha lucha política en Madrid y donde había esperanzas de cambio y renovación del movimiento”.

Además de su activismo político, La Radical Gai fue de los primeros grupos en producir teoría como proclamas uniendo su experiencia con organizaciones foráneas como Queer Nation, Lesbian Avengers Outrage, Guerrillas Girls o Women ‘s Art Coalition, y las ACT-UP.

Sus aliadas naturales que también habitaban e interactuaban en el barrio de Lavapiés, fueron el colectivo LSD que se denominaba de diferentes formas (Lesbianas Sin Dudas, Lesbianas Sobretodo Diferentes, Lesbianas Sin Dinero, Lesbianas Sangran Diluidamente, Lesbianas Se Difunden, etc).

Fefa Vila del grupo LSD en una entrevista realizada por Gracia Trujillo y Marcelo Expósito en 2004 cuenta que: “El 1 de diciembre, durante esos años, no había absolutamente nadie en este país que se manifestara ni que hiciera nada, aparte de La Radical Gai y LSD en la puerta del Sol, haciendo activismo en el Ministerio de Sanidad. Tuvimos movidas porque nos censuraron ciertos artículos, fue un momento de negociación de nuestra supervivencia como sujetos deseantes y también como sujetos físicos. En aquella época, de repente, en La Radical Gai muchos descubrieron su seropositividad; y también lo era el noventa por ciento de nuestros amigos y de mucha gente que conocíamos alrededor”.

Activistas que pasaron a poseer cuerpos que se transformaron en “campos de batalla”, que necesariamente tuvieron que involucrar para la lucha. Lucha que se hizo cuerpos, porque sin esos cuerpos -o con esos cuerpos muertos- no existía lucha y la batalla estaba perdida de antemano.

“La primera revolución es la supervivencia” clamaban en la revista “De un Plumazo”, y que mejor frase para resumir la lucha política del activismo mundial de finales de los ochenta y principios de los noventa.

Entre los integrantes de LRG (además de los ya mencionados Nabal y Saez) estaban Paco Vidarte y Ricardo Llamas (que produjeron trabajos teóricos vitales para la construcción de la teoría queer), Sejo Carrascosa, José Decadi, Andres Serna, David Amor, Jose Garcia, Juan Argelina y Eduardo Nabal.

Precisamente Saez, autor de “Teoría queer y psicoanálisis”, “Por el culo” (junto a Sejo Carrascosa), y “Teoría queer. Políticas bolleras, maricas, trans, mestizas” (junto a Paco Vidarte y David Córdoba), nos contó que su participación “supuso una perspectiva política nueva del activismo marica, una apertura a debates más complejos que el simple movimiento lgbt, las alianzas con lesbianas (el grupo LSD jugó un importante papel), con feministas radicales, con discursos nuevos donde incluso se criticaba la homofobia de muchos grupos de la izquierda, conocer a otros activistas que tenían muchas ideas y de los que aprendí mucho. También supuso un espacio donde se usaba el humor y la ironía como herramientas de lucha, y un espacio donde pude conocer a teóricas y activistas de otros países como Butler, de Lauretis, Michael Warner, las acciones de Act Up París, etc.

(…) Es evidente que había una preocupación, el sida hacía estragos entre los gays en aquel momento, era necesario organizarse y luchar contra el sida, contra las políticas del gobierno, o su falta de políticas contra el VIH”.

Produjeron cantidad de materiales teóricos y propagandísticos como fanzines, carteles, o las revistas De un Plumazo (ya citada) y Non Grata.

Sejo Carrascosa lo cuenta de la siguiente manera: “La Radical Gay nacía de una escisión de COGAM, el colectivo gay de Madrid, que asistía a una deriva claramente reformista que perfilaba su posterior camino a acercarse a posturas claramente institucionales desde lo que llamaban “pragmatismo político”. Quizá lo que había detrás de ese “pragmatismo político” no era más que la intención de convertirse en una asociación para la oferta de servicios, información, ayuda psicológica o legal a la comunidad gay. El distanciamiento de este “pragmatismo político” facilitó en los activistas de LRG la eclosión de formas de hacer y pensar políticas que, aunque por aquella época se ignorara, luego se llamarían Queer”.

Todos los entrevistados coinciden en que el legado teórico más importante de la organización fue el acercamiento de la teoría queer y la propia producción con los libros de Ricardo Llamas y Paco Vidarte “Homografías” y “Extravíos”.

Nabal incorpora también “los trabajos de Javier Sáez, Beatriz Preciado o, sobre todo, el libro colectivo “El eje del mal es heterosexual”. Este libro es heredero del activismo de la Radical Gai”.

Al respecto Javier Saez puntualiza en la entrevista que le realizamos que “el libro de Llamas “Construyendo Sidentidades, estudios desde el corazón de una pandemia” supuso el primer ensayo importante sobre el sida en nuestro país, y “Teoría torcida” es un buen trabajo de investigación con una perspectiva crítica sobre la “homosexualidad”.

“Homografías” y “Extravíos” fueron dos bombas teóricas que aportaron muchas ideas y enfoques brillantes sobre la identidad, la homofobia, los tipos de activistas, las subculturas gays, etc.; en aquel momento, finales de los 90, no había casi textos de ensayo sobre estos temas en España, y estos libros incluso hoy siguen siendo muy actuales, además de tremendamente divertidos.

Muchos años después de la disolución de la Radical, Paco (Vidarte) escribió “Ética marica en mi opinión es uno de los mejores libros que se han escrito sobre políticas lgbt”.

Por último, otro de los legados que dejó La Radical Gai fue la apropiación del insulto como reivindicación identitaria: el maricón como postura política en oposición a un movimiento lgbt incipiente que “buscaba cierta respetabilidad” y que usaba palabras como homosexual o gay, que trataba de situarse en los espacios de poder o en los partidos políticos planteando una estrategia diametralmente opuesta (creo que no por ello excluyente) a la de LRG.

“En aquel momento autodenominarse marica o maricón era bastante chocante, incluso hoy lo sigue siendo, de modo que supuso una posición política de apropiación del insulto y de desactivación del mismo”, concluye Javier Saez.

El colectivo activista madrileño La Radical Gai se disuelve en 1997, tras seis años de militancia. Su legado se vive hoy en los nuevos grupos lgbti del activismo queer como la Asamblea Transmaricabollo.

Su desaparición política, el relativo control de la pandemia del sida, la eficacia de los nuevos tratamientos retrovirales, y los cambios políticos, dieron paso a un activismo más institucional, generando otras referenciales que optaron por ganar otros espacios, con otras agendas que lucharon por la aprobación de leyes que beneficiaron al colectivo LGBTI.

En 2008 muere Paco Vidarte, una pérdida significativa. Su producción teórica, sobre todo “Ética Marica” debe ser lectura imprescindible para cualquier activista LGBTI.

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