mar. Dic 18th, 2018

Los desafíos eróticos-sexuales de una constituyente

El debate constituyente ha abierto sus puertas a todo el universo de actores sociales y bajo la premisa fundamental de construcción de una nueva posible Venezuela libre de tensiones económicas rentísticas, sociales y culturales[1]; por no mencionar otros aspectos profundos aún por trabajar en la preciada Carta Magna del 99. Rompamos la norma de esto con otra mirada: ¿en esta constituyente habrá tensión sexual, erótica, tensión de la política de las sexualidades y la género-rebeldía, de los llamados “raros” a la heteronormada Constitución?

Hace poco nos convocaron a las Catacumbas y ahora la invitación cautelosa es hacia lo orgánico y lo originario. ¿Qué es lo originario y lo orgánico de la lucha de las diversidades y las soberanías sexuales? ¿Qué es lo originario y lo orgánico de la lucha de las identidades de género y los rompimientos de la categoría-jaula del género? ¿Hasta qué punto este proceso de emancipación nacional de casi treinta años está dispuesta a dar “la vuelta de tuerca” al libre desenvolvimiento de la persona y la personalidad, la cachetada a “la cultura del disimulo” del machismo y la misoginia burócrata, institucional, partidista político, incluso inoculado en las bases populares?

La dimensión erótica y sexual del vivir, de la cotidianidad y del ejercicio político (entiéndase esto último de la ciudadanía, del poder popular y de la nacionalidad en soberanía), pone en jaque –de nuevo, una vez más– el debate de la libre manifestación de la personalidad y el buen vivir de muchos y muchas LGBTI, y ampliemos, de tode aquel que sienta, auto-perciba, reflexione y viva su identidad, su sexualidad, afectividad y erotismo; en pocas palabras: incluso de usted político heterosexual religioso partidista constituyentista que lee este texto incómodo.

Lo propio de cada Revolución es el giro completo a la Cultura y la tensión propia entre dos fuerzas que se oponen. Si bien, estuvimos dispuestos a la profunda transformación de la sociedad venezolana, y por supuesto, esta ha acontecido. No obstante, la lucha de las mujeres, la lucha campesina, la lucha LGBTI (entre sus múltiples denominaciones en el caso venezolano) ponen en jaque de nuevo el debate orgánico. ¿El reconocimiento de las ciudadanías de las diversidades identidades y expresiones de género tendrán rango de principio constitucional? ¿Nuestros militares LGBTI podrán consentir concubinato, matrimonio y unión igualitaria? ¿Se reconocerán las familias diversas? ¿Existirá la sanción y la condenación al odio cimentado por el machismo histórico venezolano que traspasa hasta la misma Revolución?

¿No provocará nuestra lucha otro madrugonazo con una Constituyente reescrita por temor a “los raros”?

[1] Recomiendamos leer Asamblea Nacional Constituyente de Alexis Bolívar, Revolución Política en la cama de Marielis Fuentes y La Asamblea Constituyente, una puerta al reconocimiento de Betania Vieras.

por Luis Mancera

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