mié. Dic 12th, 2018

No soy queer, soy negrx, mis orishas no leyeron a J. Butler

No soy gay, no soy ricx, no soy clase media, no soy blancx 1 , ni rubix. No deseo ser complaciente con el régimen heterosexual. No soy ciudadanx europex. En estos momentos no tengo papeles más que esos que se usan para liar marihuana. No acepto el contrato obligatorio de la heterosexualidad tóxica, dependiente de la exclusiva genitalidad. No soy de “la diversidad sexual”, ni de “la sexo-genero-diversidad”, esa especie de construcción conceptual “amigable” de aquello que se separa de la ortopedia heterosexual, construida desde la cis-heterosexualidad. No soy homosexual, esa categoría que forma parte del discurso médicooccidental que reduce todo a un genital. Si lo queer es una categoría apropiada desde la blanquitud académica derivada a una moda, pues tampoco lo soy. No quiero ser parte de esta categoría neocolonial de construcción de nuestrxs cuerpxs 2 . Soy intensamente negrx.

No es mi intención hacer una genealogía del concepto queer. Me genera contradicciones e incomodidad y más aún en un auditorio con personas euro-blancas 3 . Para mi es importante hacer una distinción identificativa de una práctica política de resistencia agenciada por cuerpxs etnoracializadxs, migrantes, negrxs y posteriormente higienizados y blanqueadxs por discursos académicos, la estetización y por el mercado. Abrazo a hermanxs negrxs, racializadxs del sur global, que intentan hacer una re-encarnación, un re-sentir de lo queer (cuir) y sé que ha sido un intento de re-pigmentar el cuerpx blancx hegemónicx universalizadx de las disidencias sexo-género 4 . La rarificación de lxs cuerpxs, lo cuir, amerita ser leído desde la manera en que se construyeron colonialmente lxs cuerpxs otrxs: rarificadxs-exotizadxs-bestializadxs por la mirada blanca. No quiero apelar a la razón en este texto, sino a las fuerzas emocionales que nos mueven. Recuerdo a Audre Lorde, quien decía en su texto la hermana extranjera: “Los padres blancos nos dijeron “Pienso, existo”. La madre Negra que todas llevamos dentro, la poeta, nos susurra en nuestros sueños: “Siento, luego puedo ser libre”.” Y esos susurros y esa madre que nos susurra, en mi caso, viene con toda la fuerza de la cosmopolítica Yoruba y la energía de los Orishas que estuvieron rodeando mi socialización. Esas oralidades ancestrales que ayudaron a construir mi cuerpx no binarix, esas narrativas cosmológicas que se enfrentaban a los relatos de la razón colonial sobre nuestrxs cuerpxs y que bajan como susurros de la voz Oxumaré y se mueven en la encrucijada de caminos de Exu, en la picardía y la perversión del Elegguá, con la temporalidad erótica sexo-genérica de Adodi y envuelta en esa forma de amar-relacionarnos: la oshunalidad 5 . Para mí, esto se traduce en afectividades no binarias, no dimórficas, cuerpxs imaginados que nunca leyeron a Judith Butler y al canon blanco-hegemónico Queer, pero quizás bailaron Vogue con lxs negrxs de París is Burning y dialogaron con deidades incaicas que inspiraron a Giuseppe Campuzano y su Museo Travesti del Perú. Con esas referencias he empezado a construir este cuerpx otrx. Estx cuerpx negrx, que twerkea en froteras genéricas, amamantadx por cocaína, reggaeton, telenovelas e intoxicadx de textos del canon clásico sociológico europeo, tropicalizado, barroquizado en el Caribe de Abya Ayala.

F/Joterismo

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