mié. Dic 12th, 2018

Nueva Zelanda se indigna por las preguntas sexistas a la nueva líder del Partido Laborista

Jacinda Ardern lleva ocho años trabajando duro en el Partido Laborista de Nueva Zelanda. Con 28 años fue la diputada más joven en entrar en el Parlamento, fue presidenta de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas, es diplomada en Arte y Comunicaciones y su constancia y carisma en el buró político la han convertido en una estrella en alza en la formación de izquierdas. Ahora ha sido nombrada líder del partido y candidata a las elecciones generales que se celebrarán el 23 de septiembre para intentar remontar unas encuestas pésimas.

Pero todo esto no parece suficiente para que los entrevistadores vayan más allá de su edad, 37 años, y de su género: es mujer. “Tengo una pregunta y hoy hemos estado hablando sobre si se me permite o no plantearla”, le dijo a Ardern el presentador del programa neozelandés The Project , Jesse Mulligan, sólo siete horas después de que fuera ascendida. “Muchas mujeres en Nueva Zelanda sienten que deben escoger entre tener hijos y tener una carrera o continuar su carrera… ¿Es una decisión que todavía tiene que tomar o que ya ha tomado?”.

La candidata tiene pareja, el presentador Clarke Gayford, y no tiene hijos. Como el recientemente elegido presidente de Francia Emmanuel Macron (39 años); el primer ministro de Holanda, Mark Rutte (50); el primer ministro de Italia, Paolo Gentiloni (62); el primer ministro de Suecia, Stefan Lofven (60); el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel (44); o el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker (62). A ninguno de ellos les preguntaron por sus deseos de formar una familia en su primera entrevista de televisión.

En esta aparición, Ardern, que ha hablado en el pasado de la dificultad de compaginar una posible maternidad con una posición de responsabilidad pública, respondió pausada. “No tengo ningún problema con que se me pregunte esto porque he sido muy abierta hablando de un dilema al que probablemente se enfrentan muchas mujeres. Para mí, mi posición no es diferente de la de una mujer con tres trabajos”.

Cuando parecía que el tema estaba zanjado y que podía exponer sus ideas políticas, al día siguiente Ardern tuvo que someter de nuevo su vida personal al escrutinio público. Fue en un popular programa de radio matinal, en el que el presentador Mark Richardson “fue demasiado lejos”, como ella misma advirtió, al esgrimir que los electores tenían derecho a saber si su potencial premier pretendía tomarse la baja de maternidad en su mandato. “Si tienes una empresa necesitas conocer este tipo de información de la mujer a la que estás empleando”, se justificó Richardson. Ella, visiblemente enfadada, le apuntó con el dedo antes de recordarle que es ilegal discriminar a las mujeres porque tengan deseos de formar una familia.“Es totalmente inaceptable en el 2017 decir que deberían responder esta pregunta en el lugar de trabajo. Es inaceptable, ¡inaceptable!”, le contestó. “La decisión de tener hijos concierne a la mujer y no debería predeterminar sus oportunidades laborales”, defendió Ardern.

Nueva Zelanda se ha encendido con esta discusión, que pronto ha incendiado las redes sociales y los digitales de todo el mundo anglosajón. “El hecho de que una mujer quiera o no tener hijos no le importa a nadie”, ha declarado la comisaria de Derechos Humanos de Nueva Zelanda, Jackie Blue. Hasta el actual premier conservador, Bill English –padre de seis hijos–, a quien Ardern se enfrentará en septiembre, ha querido defenderla: “La gente con un papel público se beneficiaría de más apoyo y no de ser interrogado sobre asuntos que sólo les conciernen a ellos”.

El debate no es nuevo en las Antípodas: a la ex primera ministra australiana, Julia Gillard, la llegaron a acusar de ser “deliberadamente estéril” por decidir no tener hijos. Su famoso discurso sobre la misoginia en el 2012 llegó a ser aplaudido por líderes mundiales como Barack Obama o François Hollande. Para bien o para mal, el debate sobre una futura maternidad de Ardern ha ayudado a ponerla en el mapa cuando sólo quedan siete semanas para las urnas.

El Partido Laborista neozelandés no levanta cabeza desde que la ex primera ministra Helen Clark perdiera las generales en el 2008 y el hasta ahora líder del partido, Andrew Little, se ha visto obligado a ceder paso ante su segunda, Ardern, después de un par de sondeos que le daban un 24% de apoyo, los peores resultados en décadas. Ahora Ardern debe pararse tres días para reconfigurar una campaña que ya ha prometido que será “optimista” y que defenderá los valores tradicionales laboristas. Y bromeó: “Sé que he aceptado el peor trabajo en política”.

F/lavanguardia.com
F/AFP

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