mar. Dic 18th, 2018

Pequeños relatos de Leonel Giacometto

Lo trataba como lo que aún no había llegado. Vertiginoso como el olor húmedo entre el escroto y el ojete llegó más luego, mucho más luego de haber despertado, ambos, entre gente infectada. No hay una explicación lineal ni una progresión que pudiera datar alguna referencia para, al menos, una rencilla generar en cuanto al trato y lo que aún no había llegado, por entonces. El fenómeno es ir del detalle a los dioses, sin instituciones ni categorías inexorablemente hoy implantadas como los dones que dicen que no portamos sino que accionan sobre tablillas ya convalidadas como auténticas y útiles para que todos podamos, como se dice, ser lo que debemos ser. O ser lo que deberíamos ser y todo lo que llegó y rayó el habla, el lenguaje y la comunicación, haciendo brechas, fisuras, roturas entre nuestra carne y la de otro, entre uno mismo, sin claves, y otro y otro y en plural, escritos u orales, nos veníamos viendo como lo que decían que éramos. No teníamos nombres y hasta a las mujeres -feroces culturas desarrolladas en épocas similares- le gustaba la fuerza verde que nos pasábamos entrándonos y tratándonos como lo que aún no había llegado, pero más hermosos y proclives al gusto de los fluidos.

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