mar. Dic 18th, 2018

Pequeños relatos de Leonel Giacometto

Lejos de ser una representación, o por decir, aún y a pesar de ser una aparente impostación de sus olvidos heterosexuales, lo que el nene veía y quería en los otros fue un acto de voluntad. Obreros, golondrinas, albañiles, cuida coches, torneros, desocupados con la nariz destruida y demás gente parda le manosearon el redondel de su voluntad. O similar, si tenemos en cuenta que la voluntad, esa fe entre varones, no necesita del tiempo. Lo del tiempo es su propio transcurrir, su devenir en otra cosa, en otro decir que, por ahora, evitaremos tocar resguardando, para más adelante, la reivindicación de la voluntad del nene por conseguir, en la voluntad de los otros, manoseos anales furtivos o por no ser, digamos, tan diferente de lo que fue. Lástima que esto último nunca pudo concebirlo. Pero lo intentó. Lo hacía durante los primeros días de la semana, generalmente de noche y con muchachos hoscos y avejentados, como dije, con los que se cruzaba sólo una vez. De su concepción para conquistar su propia voluntad hablo y de cómo siempre se le aparecía al nene su propio padre abusador. Una pena abierta que sólo una reivindicación, más adelante, pudo subsanar la trampa de su ser trunco por su historia. Murió ahogado, ya lo dije.

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