mar. Dic 18th, 2018

Plumas y alas rojas: tres años de la muerte de Pedro Lemebel

Nació en Aguada, un barrio obrero en Chile. Estudió en el Liceo Industrial de Hombres de La Legua, el mismo barrio miseria donde el 11 de septiembre serían colgados de los postes de alumbrado público los primeros carabineros golpistas que entraron a la población. Sin duda esto lo marcó por el resto de su vida y es por eso también que abrazó a la militancia.

En 1970 ingresa a la Universidad de Chile, donde se recibió de profesor de Artes Plásticas. Ejerce como maestro entre 1979 y 1983, año en el cual es despedido por su orientación homosexual. Nunca más trabajará como maestro.

Su militancia en el PC chileno fue conflictiva, ya que su homosexualidad tampoco fue bien recibida. En el año 1986, con sus tacos puestos fue a una reunión en la Estación Mapocho, donde el escritor leyó su manifiesto “Hablo por mi diferencia”, la audencia quedó muda.

“Nunca fui reina de ninguna primavera”, decía Lemebel. Pero inspiró a muchas reinas, maricas y un sin fin de personas y personajes que no sólo reconocían su pluma afilada sino que reproducían el arte que Pedro manifestaba en cada performance.

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Las Yeguas del Apocalipsis marcaron tendencia, pero en 1995 Lemebel publicó su primera colección de crónicas, La esquina es mi corazón y al año siguiente creó un programa en Radio Tierra, llamado “Cancionero”, donde leía crónicas ambientadas con sonidos y música incidental.

Así comenzó sus pasos como un “cronista urbano” mostrando sus múltiples facetas. Luego vino Loco afán y De Perlas y cicatrices, recopilaciones de crónicas en las que se fue afianzando su singular voz literaria, que mezclaba lo barroco y lo marginal en un tono provocador y libertino.

Pedro Segundo Mardones Lemebel o Pedro Lemebel, también escribió Adiós Mariquita Linda, La esquina es mi Corazón, Tengo miedo Torero, entre otros.

Su pluma se convirtió en puño por esta lucha que no vamos a dejar morir. Por una verdadera libertad sexual “porque ser pobre y maricón es peor”.

Compartimos su última carta.

Queridos amigos feisitos:

Mi enfermedad no me permite contestar en otra página que no sea ésta.

Les dejo estas letras en estas letras en este último día de este mísero y próspero año. El reloj rueda frenético hacia las doce de la noche. Para algunos éste año ha sido dichoso. Para otros no tanto, como por ejemplo para mi amiga ministra, Helia Molina, a quien la derecha pérfida, golpista, hipócrita y cerda cagó. No merecen ser chilenos, porque lo dicho por Helia lo hemos pensado todos, miles de veces.

Bueno, el reloj sigue girando. No hace frío ni calor, y extiendo mi voz como un abrazo anticipado para ustedes. Siempre estaré con ustedes, con quien merece estarlo, por supuesto. Viví en este país hermoso que tanto amé con Gladys, con mi madre, con Sergio Parra, con la izquierda dura, que nunca se doblegó.

Falta gente, faltan amigos, faltan mis desaparecidos, que torpemente casi dejo afuera de esta lista.

El reloj sigue girando hacia un florido y cálido futuro. No alcancé a escribir todo lo que quisiera haber escrito, pero se imaginarán, lectores míos, qué cosas faltaron, qué escupos, qué besos, qué canciones no pude cantar. El maldito cáncer me robó la voz (aunque tampoco era tan afinado que digamos).

Los beso a todos, a quienes compartieron conmigo en alguna turbia noche.

Nos vemos, donde sea.

Pedro Lemebel.

T/ Tomás Máscolo @PibeTiger

La Izquierda Diario

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