jue. Ene 24th, 2019

Argentina: primer refugio para gays expulsados por sus familias

Con un nudo en el estómago, les dice a sus padres que necesita hablar. Hay algo importante que quiere contarles. Aunque le cuesta, se sienta frente a ellos y empieza. Con nervios. Sabe que es un secreto a voces, que muchos lo advierten. Pero hasta ese momento había preferido mantenerlo en reserva. Por temor. Porque no imagina cómo van a reaccionar.

La escena es repetida. No tiene nombre propio porque la viven a diario chicos y chicas que necesitan sincerarse, decir que no nacieron dentro del molde. Pero romper las estructuras, aunque no exista voluntad de hacerlo, es difícil. Básicamente, por las consecuencias que se sufren. “Hay familias que los expulsan de su casa cuando les dicen que son gays o lesbianas -cuenta Gustavo Pernocine, referente de la ONG Conviviencia en Diversidad Tandil-. Y en general, lo hacen a la madrugada”. En otras palabras, los castigan. Lo dejan en la calle por inadaptados, por no ajustarse a las normas del buen vivir.

Por estos casos surgió en nuestra ciudad el primer hogar de contención para homosexuales de la provincia de Buenos Aires, que este sábado fue formalmente inaugurado en Chacabuco 392. “Abrimos en marzo pero faltaban ultimar detalles”, señala Pernicone. La casa ofrece una cama a quienes, buscando comprensión, sólo encontraron desprecio. “Abre a las cuatro de la tarde y cierra a las cuatro de la mañana, de lunes a lunes. Aunque una emergencia se atiende en cualquier momento del día”.

El espacio no es muy grande y la capacidad de alojamiento es acotada, por eso el hogar funciona como un lugar de tránsito hasta que aparece un familiar o un amigo dispuesto a dar alojamiento. Sin embargo, a nadie se lo echa ni se le pone plazo.

“Éste es un proyecto autogestivo, hacemos un esfuerzo gigante”, dice Gustavo, orgulloso. La idea no es nueva, ya existe una casa de similares características en la provincia de Santa Fe y otra para personas trans en la ciudad de Buenos Aires. Aún así, es demasiado innovadora para contar con asistencia del Estado. Sin subsidios ni apoyos, los integrantes de Convivencia en Diversidad la sostienen a pulmón, con su fuerza de voluntad. Eso también es motivo de orgullo: “Hay un activista que gana 1600 pesos por mes y vive en la otra punta de la ciudad, y dos veces por semana se viene caminando para dar una mano”.

Por las noches, en el hogar se desarrollan distintas actividades organizadas por los activistas. Sólo una no los involucra. Es un grupo denominado “FyA”, destinado a familiares y amigos de personas homosexuales. Sus impulsores son padres y madres que también enfrentaron el momento en que sus hijos revelaron su verdadera orientación sexual. “Ese ámbito brinda la posibilidad de charlar de padre a padre -cuenta Gustavo-. Que un padre le transmita a otro su experiencia y sus vivencias es de gran ayuda”.

Como se ve, la casa es un refugio para todos. Pero también es un lugar para pasar un rato a tomar mates, mirar televisión o jugar a las cartas. Así, los que transitoriamente se alojan allí comparten con otros que tienen su casa, pero no tienen con quién compartirla.

“Hay una situación que no se visibiliza pero acá se ve: la soledad del gay adulto”, cuenta Gustavo. Y revela un dato: lejos de lo que podría pensarse, al hogar acuden más personas grandes que jóvenes. “El adulto que perdió a sus padres y no formó una familia se queda prácticamente solo, porque la mayoría de la gente de su edad no lo acepta. Entonces empieza a extrañar algo fundamental, el vínculo con el otro”. Ellos hacen de este lugar su hogar, la posibilidad cierta de volver a construir vínculos. “Cuando llegan, encuentran a alguien a quien contarle cómo les fue en su trabajo o cómo estuvo el día. Así reemplazan el afecto familiar que no tienen”.

F/I: El Editor

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