vie. Feb 22nd, 2019

Vivir la guerra

En nuestras pesadillas y temores más profundos está la muerte y la destrucción. A veces la
naturaleza parece tomar revancha de la expoliación a la que la sometemos y produce muertes
masivas, tememos los terremotos, los tsunamis, los huracanes, las inundaciones. En todo caso, hay formas y previsiones a tomar para evitar los grandes males derivados de estos fenómenos, construcciones antisísmicas, alertas tempranas y muchas más. Quienes son más afectados en estos casos, todos y todas las que viven precariamente en situación de pobreza, los niños y niñas y las mujeres. Dolorosa resulta la reconstrucción, pero en la mayoría de los casos fluye la solidaridad y las comunidades se levantan. La humanidad ha trabajado mucho para que estos fenómenos tengan menor impacto, tenemos la ilusión de que un día serán simples inconvenientes.

Debía haberse trabajado igualmente, mucho y con muchos sentidos para evitar las guerras. Pero la ciencia no puede ofrecer soluciones en este caso. Se trata de voluntad y objetivos. Si el objetivo es el dominio, propósito muy patriarcal por cierto, la guerra es un medio para doblegar pueblos e individuos. En la guerra, el dolor es cotidiano. La muerte y la sangre derramada se hacen parte del paisaje y el hambre crece. Se pierde el acceso a los alimentos, al agua, a la electricidad. Es necesario aplicar las estrategias de sobrevivencia más extrema. Las guerras disparan hambre, se destruyen cosechas y ganado, las industrias se paralizan y se desplazan personas. Más de la mitad de las personas desnutridas en el mundo, viven en guerras y conflictos.

Civil o transnacional la guerra es un horror en desarrollo. La devastación llega a todos los rincones, ciudades y campos. “Mi tío salió a ver si conseguía pan y no volvió nunca” me contaba una amiga dominicana sobre la invasión de EEUU a su país. No hay ni tiempo ni lágrimas para llorar a los muertos ni fuerzas para encontrar a los desaparecidos. Hay algo peor que enterrar a un hijo, es no saber lo que le sucedió. Desde nuestro país vecino nos llegan testimonios como éste: “Y los amontonaba con su escolta y decía: “Estoy harto, cansado de su desorden”. Luego decía: “Voy a matar tres o cuatro pa’ que sepan que yo sí mato.” El desplazamiento, con sus consecuencias de desarraigo, separación y pobreza ha sido el único camino para muchos, más mujeres que hombres.

Las mujeres viven la guerra en múltiples maneras, como combatientes pero también como aportadoras de logística, en el dolor de sus pérdidas y con ataques particulares por su condición de mujer, como en las violaciones y esclavitudes varias. Hoy nuestro compromiso, es la paz.

I/FeminismoINC.

T/ArañaFeminista – Ciudad ccs

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